Roberto Formigoni, presidente de Lombardía
Durante el tiempo que duró el caso Eluana, a Roberto Formigoni no le tembló la mano para -en su calidad de dirigente de la región donde estaba internada la joven- defender su vida. Hoy este miembro de Comunión y Liberación, firme en sus convicciones, no se arrepiente de nada.
-Dos meses después del fallecimiento de Eluana, ¿cuáles son sus conclusiones políticas y éticas del caso?
-No me arrepiento de una sola palabra de las que dije ni de un gesto de los que hice. Políticamente, la región que presido [Lombardía] se negó a ejecutar las sentencias judiciales que nos imponían encontrar una estructura de acogida -hospital, clínica o residencia- en la que preparar la muerte de Eluana. Dije que no, pero mi actitud no fue de desobediencia. Fue una actitud coherente con las leyes vigentes en Italia. ¿Quién las violó? Fue la magistratura italiana, que a vatios niveles sentenció que Eluana podía ser mandada a la muerte. No en base a una ley sino sustituyendo, por iniciativa propia y de modo ilegítimo, a una ley que no existe en Italia.
-Usted promulgó un decreto que prohibía a los hospitales de la red pública hospitalaria de Lombardía interrumpir el tratamiento en casos como el de Eluana. ¿Por qué piensa que un político puede tomar decisiones que contradicen a una sentencia del Tribunal Supremo amparándose en su conciencia personal?
-Repito: le sentencia del Supremo era ilegítima. Recurrí al Consejo de Estado todas las sentencias del caso porque el papel de la magistratura consiste en aplicar la ley. En este caso, no había ninguna ley que permitiera a la familia Englaro provocar la muerte de Eluana. Por tanto, hubo un abuso por parte de la magistratura y me opuse a él.
-En una entrevista publicada hace tres semanas, Tony Blair dijo que el conflicto entre las religiones tradicionales y la tendencia dominante de las leyes de derechos humanos es inevitable…
-No utilizaría el término de ‘conflicto inevitable’. Es cierto que se va abriendo paso en la cultura contemporánea la idea según la cual la vida ya no es sagrada sino un bien disponible, se puede superar el juramento hipocrático de los médicos, que impide prescribir fármacos mortíferos aunque lo pida el paciente. Es esta tendencia la que entra en conflicto no tanto con las religiones sino con la visión occidental del hombre.
-Usted procede de la Democracia Cristiana (DC). ¿Qué le gustó y que le sigue gustando del proyecto político de Berlusconi?
-Milité en la DC como la gran mayoría de los católicos de mi generación en una época en que la unidad política de los católicos estaba plenamente justificada. Hoy me identifico plenamente con el proyecto de Berlusconi. Contribuyo a éste no sólo por el hecho de ser católico, sino porque he configurado una sensibilidad propia: hablo mucho de subsidiariedad, de defender el pluralismo de las escuelas libres, de defender a la familia. Todos estos elementos están presentes en el proyecto de Berlusconi y plasmados en la legislación lombarda.
-¿Y cómo convive en el seno de su partido con Gianfranco Fini, que adopta posturas muy distintas en temas éticos?
-Hay espacio para él, pero su posición sobre estos temas en el PDL es muy minoritaria. La gran mayoría está con Berlusconi, cuyas decisiones en el caso Eluana ya conocemos todos.
(Hace un par de semanas, Silvio Berlusconi, primer ministro y jefe de filas del Pueblo de la Libertad (PDL), el partido de Formigoni, declaró lo siguiente: “No volveremos al colateralismo con la Iglesia que fue la línea de la Democracia Cristiana (DC). Creemos en la autonomía y en la soberanía de la política respecto de la Iglesia, pero también creemos que la Iglesia debe hablar libremente y poder desarrollar su papel insustituible en la sociedad”. Y se comprometió a no legislar en contra de la vida humana.)
-¿Cuáles son las claves de esta nueva doctrina de las relaciones entre política e Iglesia que sustituye a la de la ‘unidad política de los católicos’ de los tiempos de la DC?
-Comparto lo dicho por Berlusconi. La unidad política de los católicos es imposible después de que Italia adoptase un sistema político bipolar. La DC fue un partido dominante porque había un sistema proporcional que la convertía en un gran partido de centro. Los referendos de 1993-1994 hacen imposible ese modelo. Hoy los cristianos militan en distintos partidos. Sin embargo, la mayoría de ellos vota a nosotros, al centro-derecha, porque saben que defendemos con más coherencia que la izquierda la visión cristiana de la vida.
-¿Cómo se enfrenta un político católico a la crisis? ¿Se inspira en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)?
-Mire, un católico sabe lo que es la DSI y ésta le enseña a defender a todos los hombres, preferentemente a los pobres. Pero no es un recetario de medidas concretas: encontrar soluciones es responsabilidad nuestra. La DSI nos ilumina y nos da criterios.
-¿Qué diría don Luigi Sturzo -el gran intelectual católico italiano que teorizó la desconfianza que deben sentir los católicos hacia el Estado- del aluvión de intervenciones públicas que se están produciendo a raíz de la crisis?
-Sí es cierto que, en teoría, no estaría contento. Sin embargo, frente a la violencia con la cual la crisis se está manifestando, incluso Sturzo estaría de acuerdo con una intervención temporal del Estado. Quiero subrayar que esta intervención resulta muy pesada en EEUU, que siempre ha hablado de liberalismo, y mucho más ligera en un país como Italia.

RSS titulares
Eso es mentira, el propio padre de Eluana confesó al hermano de Salvador Cristafuri(que despertó de un coma después de varios años) que era él quien no soportaba esta situación y que estaba apoyado por grupos proeutanasia. todos pintamos cuando se quiere matar a alguien que además no se puede defender. las monjas que la cuidaron eran más famila que sus propios padres que no se ocuparon de ella. Ya vale de tanta demagogia en nombre de la libertad.