José Mª Aznar.//Foto: Fundación FAES.

En su intervención en el curso organizado por la Fundación García Morente y la Universidad CEU San Pablo ’Ética y futuro de la democracia’, el expresidente José Mª Aznar explicó que “la vida no es perfecta; nadie es perfecto. Hice lo que pude“, en relación al periodo en el que, como gobernante, no modificó la ley de despenalización del aborto, aún vigente, a pesar de sus convicciones en favor de la vida, según informa Religión en Libertad. Es más, señaló: “Yo he sido siempre un defensor del derecho a la vida, no puedo mirar con simpatía el aborto. Como gobernante puedo respetar que haya un delito con excepciones, pero no me gusta la ley y sólo respeté una norma de consenso”.

Criticó, eso sí, duramente, la reforma del aborto que prepara el Gobierno. ”Hay que estar, no ya preocupado, sino muy preocupado cuando desde el poder se pretende convertir en derecho acabar con una vida humana. El aborto no es ni puede ser nunca un derecho. Lo que es un derecho es el derecho a la vida. Pretender avanzar en el camino que lleva a destruir el derecho a la vida y pervertirlo en un falso derecho a acabar con la vida es, simple y llanamente, retroceder en el camino de la civilización”.

Hizo referencia también a las declaraciones de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, que aseguró que un embrión de 13 semanas no es un ser humano: “Hay que sospechar (y hay que sospechar mucho) de un Gobierno que manifiesta dificultades graves para distinguir lo que es humano de lo que no lo es, tanto en la versión iletrada como en la versión de la cátedra, y esto último es particularmente preocupante. No es propio del Estado fijar nuevas y degradantes definiciones de lo que es ser humano. Tampoco lo es entorpecer el proceso educativo que los padres desarrollan con sus hijos”, añadió.

En alusión al aborto en menores sin conocimiento paterno que pretende legalizar el Gobierno, apuntó que “hay que sospechar de un Gobierno que unos días desprecia y otros ataca a la familia, como cuando se atreve a afirmar que una madre o un padre que se preocupan por una hija de 16 años embarazada están “interfiriendo”. Esto me parece un despropósito incompatible con un mínimo sentido ético  e incompatible con el más elemental sentido común. Pienso que un buen padre o una buena madre es el que está al lado de su hija para ayudarla y apoyarla, precisamente en los momentos más difíciles”.

Explicó que la quiebra deliberada de los lazos familiares equivale al borrado de los apellidos y es el anticipo de algo mucho peor. “Lo propio de los seres humanos es nuestra condición personal, y precisamente por eso los seres humanos tenemos y necesitamos un nombre propio. Y también necesitamos apellidos. Cuando el poder hace de la infancia su instrumento -afirmó-, cuando asume como principio que en caso de duda es preferible que las instituciones se equivoquen contra la vida y no a favor de la vida, cuando considera como parte de su competencia la erosión de los lazos familiares, cuando todo eso ocurre, es que el poder ha perdido el norte en una sociedad de ciudadanos libres, en una sociedad plural a cuyo servicio debería estar”.

Apuesta por la libertad religiosa 

Subrayó que la libertad es la condición de muchas opciones personales legítimas. “Desde luego, lo es también de la vida cristiana, que sólo puede ser auténtica si nace de la libertad.
Pero el pluralismo no consiste en aceptar acríticamente cualquier sistema de ideas, sino en reconocer la dignidad esencial de quien las sostiene. Y ésta es una convicción nítidamente cristiana. Las opciones éticas han de ser personales y no pueden ser sustituidas por el Estado“, afirmó.

Considera que las concepciones totalitarias del poder dificultan la tarea de la ética, ya que “el poder político debe ser un instrumento destinado a proteger algo que lo antecede en dignidad y que lo sobrepasa en valor“. Apuntó que el poder tiene límites, ya que existe un criterio externo a él que permite evaluar su rendimiento social y corregir sus desviaciones y “puede y debe ser medido, ponderado, juzgado e incluso condenado por su capacidad para facilitar la vida de las personas”.

Sobre la necesidad de evitar la tendencia al totalitarismo, sostuvo que “hay que sospechar de un Gobierno que dificulta el ejercicio de los derechos por parte de quienes le son críticos; que prefiere que los ciudadanos dependan del Estado a que dispongan de la autonomía personal que les proporcionaría el trabajo; que se complace en la ignorancia; que se despreocupa del sistema educativo, y que incluso comete la torpeza de premiar a quienes no se esfuerzan en lugar de a quienes sí lo hacen”, señaló en alusión a las becas que dará Educación a los estudiantes en riesgo de abandonar el sistema educativo sin terminar los estudios de Secundaria.