Foto: Flickr.
El autor de la investigación, descendiente de polacos que murieron en los campos de concentración, reveló que la multinacional estadounidense no tuvo empacho en poner sus servicios en manos de los nazis a través de una filial germana, Dehomag (Deustche Hollerith Maschinen Geselschaft).
En algunos campos de concentración, como Dachau o Storkow, se instalaron hasta dos docenas de clasificadoras, tabuladoras e impresoras de IBM. En otros, sólo se trabajaba con perforadoras y luego se enviaban las tarjetas a sedes centrales en Mauthausen o Berlín.
Sin la maquinaria de IBM, la red de campos de concentración no hubiera podido funcionar con la celeridad y precisión con que lo hizo. Pero la alianza entre la multinacional informática y el III Reich era anterior.
El fundador y director de la empresa, Thomas J. Watson, se había entrevistado con Hitler en 1937, y fue condecorado por el III Reich, con la Cruz al Mérito del Aguila… aunque devolvió la distinción en 1940. Y Alemania era el segundo cliente de IBM después de EEUU.
¿Hasta qué punto IBM conocía el destino final de su prestación de servicios informáticos? Es difícil saberlo, dado que los detalles del exterminio de judíos se conocieron más tarde. En cualquier caso, la firma norteamericana ha pedido disculpas y ha condenado la barbarie hitleriana. Pero está claro que la maquinaria nazi no hubiera logrado una eficacia tan letal sin la tecnología de las tarjetas perforadas.

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