La manifestación a favor de la vida del 17-O ha sido un éxito y un hito. Podemos discutir las cifras de asistentes. Es claro que unos las hinchan y otros las desinflan. No es lo más importante. Desde el prisma de la cantidad, lo innegable es que la multitud fue mayor que la esperada por los organizadores y, sobre todo, por objetivamente enorme resultó muy inquietante para los abortistas y cómplices del Gobierno Zapatero. Sienten el aliento en el cogote y tienen miedo. Así que, como les es habitual, pronto acudieron a la desinformación, a la manipulación y a las mentiras. Primero, rebajando las cifras a niveles sin posibilidad alguna de crédito dada la rotundidad de las imágenes en Sol, Cibeles y Alcalá. Lugo, acusando al PP de no haber hecho nada en sus años de gobierno, lo que por ser una verdad incontestable, lo único que pone de relieve es una palmaria confesión de culpabilidad, una pésima conciencia y el temor a que una parte creciente del electorado le pase factura también por la tragedia, las mentiras y la cloaca del aborto. Solución socialista a la desesperada: el abrazo letal del que se ahoga. También el PP es culpable, que lo pague electoralmente. Y por fin, entre tanta táctica defensiva, la soberbia de afirmar que no van a cambiar nada, que el proyecto se aprobará como ellos quieren por narices. Es decir, faltándoles las razones, ya no les queda sino el abuso de poder.
He aquí el meollo de la cuestión. La sinrazón y el abuso de poder. Desde el prisma de la calidad, la manifestación del 17-O es mucho más que cientos de miles reunidos durante cuatro horas. Es el triunfo de la razón recta e independiente que se abre a la verdad de los hechos y a sus consecuencias en justicia: el derecho de todo ser humano a la vida, como primero de sus derechos humanos. Es el triunfo de la conciencia singular de cada persona, que se abre a la responsabilidad con el bien de la vida humana, de su dignidad inviolable desde la concepción hasta la muerte natural. Es el triunfo de las ciencias -que son razón sistemática, metódica, verificable, transmitida entre generaciones de científicos, comunidad honorable de los saberes- que dicen sin lugar a duda cuándo cada uno de nosotros vino a la vida, en el momento de la concepción o fusión de los gametos de sus padres. Es el triunfo de lo mejor del corazón y los sentimientos humanos, en la defensa de la mujer, de la dignidad y valor de su maternidad, en la solidaridad real y efectiva con aquellas embarazadas que sufren circunstancias duras, injustas o confusas, a las que ayudan una serie de organizaciones privadas, fruto de la responsabilidad social de sus miembros. Eso es lo excelente. Y todo eso es lo que, creciendo imparable, se visualizó el sábado famoso.
Claro que hay en el 17-O muchas lecciones. Empecemos por subrayar el carácter civil y la naturaleza ciudadana de la manifestación y de las plataformas que la organizaron. La malicia de los abortistas, ya en 1985, maquinó la confusión de que la oposición al aborto era una manía exclusiva de la moral católica, una exigencia confesional para toda la ciudadanía democrática abusivamente pretendida por la jerarquía y curas católicos. Que la vida humana y el derecho a vivir, mayormente del ser más inocente e indefenso que es el concebido, fuera una cuestión confesional exclusiva de católicos fanáticos, era un argumento obviamente falso, pero en una sociedad acomplejada por los años de franquismo y confesionalidad oficial, le sirvió al abortismo para confundir mentes y presentarse como el progresismo que se libera de curas y dogmas religiosos. En este sentido, ha sido una estrategia acertada la de Foro de la Familia, al acogerse a su condición de asociación civil no confesional y al presentar su lucha por la vida como fruto de la exigencia de la ciencia, la razón y la conciencia de cualquier ciudadano verdaderamente libre e independiente.
El éxito del 17-O, como hito con enormes consecuencias de futuro, se debe también a las voces de miles de científicos -expertos en genética, biología humana y molecular, embriología, ginecología, psiquiatría y psicología, etc.- que, sin cobardes mordazas, han hablado de sus conocimientos sobre la evidencia de la vida humana en la concepción. Ellos han contribuido, al ser honestos con la verdad, a desenmascarar las burdas mentiras del abortismo.
El éxito del 17-O debe también mucho a las propias mujeres, anónimas y a miles en la manifestación, pero también las organizadas en movimientos e iniciativas sociales, encabezadas por personalidades femeninas de gran popularidad y prestigio. La mujer, que es la segunda gran víctima del abortismo después de su hijo, será la que gane la batalla a esta lacra homicida y de la victoria final a la vida. Por eso, el compromiso creciente de las mujeres, famosas o anónimas, es de una tremenda eficacia. En este sentido, hay que añadir otro grandioso protagonista. Son las asociaciones y organizaciones, la mayoría de mujeres católicas, que dedican su tiempo, su calor humano y su dinero a a atender a embarazadas en riesgo de aborto o a las que han abortado. Causa escándalo ver a los abortistas, llenarse la boca de falsos argumentos feministas, pero sin dedicarse en cuerpo y alma a ayudar, salvar, atender, proteger, rescatar a las mujeres concretas. Las abortistas no tienen otra cosa que el consejo de la muerte y luego ahí te pudras. Las defensoras de la vida se dejan la piel y el dinero en ayudar en concreto a mujeres singulares, con nombre, apellidos y drama personal. Este extraordinario testimonio práctico ha conseguido calar muy hondo en el corazón de la ciudadanía. Obras son amores y no buenas razones. La acción de estas organizaciones y sus redes pro vida han encarnado en la vida la doctrina, evitando los doctrinarismos buenos pero teóricos, comodones y tibios. Y de este modo, estos grupos pro vida, con su acción práctica, son la vanguardia de choque contra el abortismo.
En el 17-O hubo mucha juventud, muchísima, y ello es una fuente de gran esperanza hacia el futuro. Si, como algunos sospechan, se eligió España para arruinar la vida y la familia, quizás esa malicia hizo una pésima selección. Ciencia, conciencia, mujeres en acción, juventud y la realidad extraordinaria del valor de cada vida humana pueden ser el campo de batalla donde, otra vez, en España la siniestra cultura de la mentira y la muerte pierdan la guerra.

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