Un sacerdote muestra la medalla de uno de los asesinados en Camuñas.
En el mejor de los casos las víctimas eran asesinadas y sus cuerpos se hacían desaparecer en el pozo principal de una antigua mina abandonada de treinta metros de profundidad, otros con peor suerte eran arrojados vivos. Entre las víctimas se encuentran ocho sacerdotes y una hija de María. El delito de estos nueve mártires, para los represores republicanos que no pisaron el frente durante toda la guerra, no era otro que su fe, de la que en algunos casos se habían beneficiado sus propios verdugos.
En fechas recientes un equipo de forenses y arqueólogos, con el apoyo técnico de los espeleólogos de la Sociedad Científica Aranzadi, iniciaron la ardua labor de reconstruir los cuerpos de los ejecutados en Las Cabezuelas.
Al frente de ellos estaba Francisco Etxeberria, profesor de Medicina Forense de la Universidad del País Vasco. El mayor especialista en la apertura de fosas de la Guerra Civil de ambos lados. Lleva diez años dedicándose a esta labor y ha señalado que “esta ha sido la que más dificultades técnicas ha presentado de todas las que se han abierto en España”.
Toneladas de piedra y arena, además de varias capas de cal, fueron empleadas por los republicanos para hacer desaparecer las evidencias de los crímenes que allí se habían cometido. Tras dos intentos, uno en 2008 y otro el año pasado, por fin se accedió a los restos humanos.
Asesinado a martillazos
El promotor y responsable de esta investigación es el padre Jorge López Teulón, postulador de la causa de beatificación de los mártires de la Guerra Civil en las provincias de Toledo y Ávila. Gracias a su empeño por recuperar los restos de los mártires de Camuñas el Arzobispado de Toledo financió este trabajo. El objetivo para López Teulón era claro desde un principio: “No se trata de sacar los cuerpos, solamente queremos localizarlos para que dentro de otros setenta años, cuando alcancen la santidad, puedan ser recuperados y dignificados en una iglesia”.
Los descendientes de las víctimas, incluido el actual propietario de los terrenos en los que se encuentra la mina, José Antonio Rodríguez de Tembleque, han colaborado aportando toda la información de cómo transcurrieron los últimos días de los que fueron arrojados al pozo. Por eso se ha llegado a saber el martirio sufrido por los nueve religiosos.
La historia de los mártires de Camuñas arroja testimonios de fidelidad a las creencias religiosas por un lado, y verdadero ensañamiento por el otro. Tal es el caso del sacerdote Sebastián Tapia, a quien se martirizó golpeándole la cabeza con un martillo de pequeño tamaño hasta la muerte. O el padre Antonio García-Calvillo, arrojado vivo a la mina tras haber sido torturado en una cueva de la localidad de Herencia que usaban los frentepopulistas como checa.
*Reportaje íntegro en el número 263 del semanario, desde el viernes 5 de febrero en los quioscos.

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