Sobre la música de nuestros hijos

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Cuando me he planteado escribir unas líneas sobre la música que escuchan los jóvenes, he pensado en mi amigo y vecino Eduardo, porque ya que sin desearlo, participo como vecino de abajo de la música que les gusta a sus hijos, me encantaría conocer su opinión como padre de las criaturas.

Sin pensarlo demasiado, Eduardo me comentó que en su casa no se usan reproductores de música individuales ni cascos. Por tanto, se ‘comparte’, voluntariamente o no, la música que cada uno escucha. De sus hijos, el mayor además toca la guitarra y trata de acompañar algunas canciones con diferente fortuna. Aunque toca en su habitación, con la puerta entornada cuando se acuerda, como es muy perseverante, nos aprendemos muchos de los estribillos. Además de que suelen ser en inglés, no entienden ni su madre ni Eduardo el atractivo de ese ruidillo machacón, pero les parece estupendo que ‘se ejercite’ porque recuerdan que “nuestros padres padres tampoco entendían que nosotros nos gastáramos el poco dinero que teníamos en discos de conjuntos raros, melenudos y muchas veces extranjeros”.

El segundo de los hijos de Eduardo es un consumidor compulsivo de música en internet. Tiene docenas de compactos llenos de canciones que no puede oír por falta material de tiempo.
Si se aplica en España lo que se pretende en Francia -es decir: la prohibición de ‘bajar’música de
la Red-, acabará con su afición musical, porque este chico no se gasta un euro en música. Pero lo
más importante es que está aislado de nosotros, los auriculares le impiden relacionarse con la familia el poco tiempo que está en casa y nos preocupa mucho. “Tengo que hablar con él”, dice Eduardo.

Y la pequeña es una antigua estudiante de piano.Ya no tiene tiempo de tocar y sólo escucha música en la radio. Casi todo lo que escucha es música fácil, de ritmos bailables.

Eduardo y Carmen, su mujer, han hablado con los hijos sobre las canciones que escuchan y la respuesta ha sido unánime: “Nos gustan el ritmo y la letra… Nosotros pensamos así”.

Carmen se pregunta por qué no se componen canciones ‘positivas’. Parece que sólo se venden canciones agresivas, de parejas rotas, de sexo a lo loco o de ritmo latinocaribeño.

Según Eduardo, la música para consumir que se ofrece es un reflejo de las tendencias de nuestra juventud. No es posible que nuestros hijos las critiquen. Simplemente consumen aquellas con las que se identifican de alguna manera.

Quizá se pueda pensar que esto ocurre porque no tienen mejores modelos. Los adolescentes necesitan modelos y nosotros los padres debemos detectar si no los tienen porque no los han buscado o porque no los han encontrado. En cualquier caso, hemos de ayudar a nuestros hijos mucho antes de la adolescencia, para que encuentren modelos atractivos y portadores de valores.