Redes sociales: Gran Hermano virtual

0
622

Si una imagen vale más que mil palabras hay quien tiene, en redes sociales como Tuenti o Facebook, una auténtica enciclopedia biográfica al alcance de todos. Los planes del último fin de semana, el grupo de amigos, los cumpleaños familiares…

Una vida entera expuesta en el escaparate virtual de unas herramientas de comunicación que han salido a la palestra tras la propuesta -luego retirada- del PP para controlar el acceso de los menores de edad a estas redes.

El pasado viernes, el portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso, Alfonso Alonso, propuso excluir a los menores de 14 años de las redes sociales y que los menores de 18 años accedan solo con el consentimiento paterno.

Una medida que debía ir acompañada de la creación de centros de protección on-line para que los usuarios más jóvenes estuvieran amparados ante problemas como el ciberacoso. La propuesta suscitó inmediatamente las críticas de los socialistas, que acusaron al PP de querer coartar la libertad de los menores. También la Agencia Española de Protección de Datos cuestionó la viabilidad legal de la medida, aunque la calificó de acertada.

Apenas 48 horas después del anuncio, el diputado popular Santiago Cervera reconocía en el blog de Enrique Dans “haber metido la pata” con la propuesta, que “finalmente no se va a proponer”. “Dimos como asumible una propuesta que no habíamos reflexionado suficientemente y que no representa el sentir de nuestro Grupo” aclaró Cervera. Sin embargo, los escasos dos días de vigencia de la sugerencia popular han dado lugar a un intenso debate sobre la conveniencia o no de regular la entrada a este tipo de redes.
¿Cómo funcionan?

Descritas como herramientas sociales que conectan a las personas con el resto del mundo, las redes como Facebook, Tuenti, Nettby o Twitter permiten el intercambio de mensajes escritos y dotan al usuario de un espacio virtual en el que ‘colgar’ fotos o vídeos, así como de un tablón en el que anunciar sus próximos planes o simplemente enviar mensajes a muchas personas a la vez.

El esquema sobre el que se asientan bien podría compararse con la propagación de un virus. El usuario recién registrado generalmente ha sido invitado por un amigo inscrito previamente en la red. A partir de ese contacto inicial, el nuevo navegante va encontrando fotos y nombres de otras muchas personas, a las que en ocasiones no conoce, pero a las que puede enviar una solicitud de amistad.

Muchas veces es suficiente con escribir en el tablón de algún amigo para aparecer en el de todos los amigos que tiene el destinatario del mensaje. Así, la capacidad de hacer contactos se extiende casi hasta el infinito.
Por si esto fuera poco, un potente buscador encontrará y mostrará los nombres de usuarios que coincidan con nuestra búsqueda.

Por ejemplo, poniendo Rodríguez en el buscador de Facebook, aparecen 138.000 usuarios registrados. Si bien es cierto que estas herramientas permiten alcanzar un nivel de privacidad alto al permitir al usuario mostrar su perfil sólo a los que considera amigos, también lo es que dan la posibilidad contraria.

Es decir, que páginas como Tuenti o Facebook autorizan a un nuevo usuario a mostrar datos personales, fotos de todo tipo, vídeos e incluso datos de contacto a todos los usuarios de la red. Las dos plataformas advierten en las condiciones legales que cada usuario es responsable de la información que administre, y recomienda no dar demasiada a desconocidos.

“Cuando te registras en Tuenti tienes un perfil en el que cuelgas y compartes, como quieras y con quién desees, información de tu vida real. La información personal será compartida en Tuenti con las condiciones de privacidad que tú mismo elijas y bajo tu exclusivo control.

Te corresponde a ti controlar, en todo momento, tu información personal y por eso te pedimos y recomendamos que seas cuidadoso con la información personal que compartes y con quién la compartes”, reza el pliego de condiciones legales de Tuenti.

Licencia irrevocable

Muy similar es el de Facebook, que recuerda a los usuarios registrados que “son dueños del contenido y la información que suben a la web”. Además, Facebook señala que, “al publicar Contenido de usuario en el sitio, otorgas automáticamente a la compañía y manifiestas y garantizas que tienes el derecho a otorgar, una licencia irrevocable, perpetua, no exclusiva, transferible, plenamente desembolsada y mundial (con derecho a sublicencia) para usar, copiar, reproducir públicamente, mostrar públicamente, reformatear, traducir, obtener extractos y distribuir dicho contenido para cualquier fin en relación con el sitio o la promoción del mismo y para otorgar y autorizar sublicencias de lo anterior”.

Esta licencia expira solamente cuando el usuario elimina el contenido o su cuenta salvo -y aquí viene la trampa- “que hayas compartido ese contenido con otras personas y éstas no lo hayan eliminado”.
Una vez analizadas las condiciones de uso no parece tan descabellada la idea de controlar el acceso de los menores a estas redes, teniendo en cuenta la gran responsabilidad que deben asumir.

La psiquiatra del Hospital Clínico San Carlos y profesora de Psiquiatría de la Universidad Complutense, Lucía Gallego, señala a ALBA que en Internet los menores “minimizan el riesgo -no son conscientes de lo que puede suponer colgar una foto determinada- y tienen más posibilidades de sufrir adicciones”.

“En psiquiatría entendemos que hasta los 18 años la personalidad y la inteligencia de una persona no están totalmente definidas”, señala Gallego, que no ve desproporcionada la medida propuesta por el PP. “No solo con las redes sociales, sino con Internet en general, los padres tienen que saber qué hacen sus hijos y con quién se relacionan”. La vigilancia debe adecuarse a cada caso, y los padres son los que deben juzgar la madurez de cada hijo, dice.

En ocasiones son las propias redes las que establecen sus limitaciones: Facebook no está permitido a menores de 13 años y Tuenti es para mayores de 14. Además esta última recomienda a los menores de 18 que informen y consulten “con los padres o tutores legales a la hora de transmitir información a terceros con los que hayas contactado a través de Tuenti”.

La misma web asegura que “hará todo lo razonablemente posible para vigilar la legalidad de los contenidos, imágenes, opiniones y demás información que se comuniquen a través del servicio” pero reconoce que “no es posible el control absoluto” de los mismos.

Solos ante el peligro

¿Qué supone entonces haber sucumbido a las amistades virtuales? En primer lugar, facilitar datos de carácter personal a, al menos, una empresa. Además, compartir -en la medida que cada usuario quiera- material privado que también queda alojado en un gran servidor y, en función de cada red, ceder los derechos de dicho material.

Teniendo en cuenta que solo Facebook aglutina a más de 170 millones de usuarios es fácil imaginar el poder de este ente de origen norteamericano que no se libra de especulaciones -hay quien sitúa a la Agencia de Inteligencia (CIA) detrás de su creación-.

Quienes puedan acceder a la base de datos de estas redes acceden a los gustos, los intereses, las preocupaciones y los problemas de miles de usuarios. Por eso, las redes sociales se han convertido ya en una herramienta más de trabajo de empresas publicitarias y consultoras de Recursos Humanos.

¿Por qué pagar un caro sondeo sobre los gustos de una población concreta si están al alcance de la mano en las redes sociales? Y más, ¿por qué entrevistar a un posible candidato a un puesto de trabajo, si quizá una visita a su perfil de Facebook es suficiente para descartarlo?

El sociólogo del centro de Altos Estudios Comerciales (HEC) de París, Alex Turc, ya advierte que “uno cambia, evoluciona e incluso se contradice a lo largo de la vida. Por eso necesitamos el derecho al olvido”, algo que, recuerda, no existe en Internet.